HAY UN USUARIO EN MI SUPERMERCADO

Como denominar a las personas con las que trabajamos en la intervención social ha sido debate en varias ocasiones: usuario, cliente, … A mí me gusta llamarlas simplemente personas, pero en el título uso el concepto de usuario porque me parece que da luz al tema a tratar. Siempre desde el mayor respeto.

 

Una vez, aclarado lo anterior, me planteó en esta entrada como es la intervención social en las ciudades pequeñas (suele pasar más en ciudades/pueblos de menos habitantes, pero puede darse en otras de mayor envergadura), en las que las personas con las que trabajas forman también parte de otros espacios personales de interacción: barrio, escuela, servicios sanitarios.

¿Es perjudicial para la intervención social?, ¿Es incómodo para los profesionales?

Creo que la intervención social en ciudades pequeñas sólo necesita tener en cuenta ciertos aspectos de una manera más específica, con la intención de poder minimizar posibles amenazas que puedan desvirtuar o dañar el trabajo con las personas:

 

– Dejar patente a la persona con la que trabajamos la obligación de secreto profesional y de separación de espacios y roles. Aquí soy Ana, la trabajadora social. En el cole, soy Ana, la madre.

Y no saltárnoslo. En el cole no hablo de procesos, ayudas, … propios de la intervención social y en el centro de servicios sociales, domicilio, … no entro en otros temas.

Y por supuesto, no cuento cosas en otros espacios ni doy pistas de que conozco a esa persona de otros temas.

Aquí también entraría nuestra capacidad para reaccionar, fuera del ámbito de trabajo, de diferente manera a posibles situaciones. Por poner un ejemplo; no intervengo yo, llamo para que intervenga quién en ese momento sea necesario. Es decir, actúo, pero no en primera persona. Admitir que no somos imprescindibles, cuesta, o al menos a mí. Me sale la reacción rápida.

– Trabajarnos nuestra desconexión. Consistente en un proceso de responsabilizarnos de encontrar nuestra manera de desconectar del trabajo. Sí sé que puedo encontrarme a ciertas personas en entornos no profesionales, debo manejar como voy a reaccionar a ello. Anticiparnos a esa posible incomodidad. Y construir mi forma de desconectar sobre actividades, actitudes y acciones que son posibles en mi día a día. Desconectar en un entorno natural privilegiado, sin estímulos negativos es fácil. Pero también poco probable.

– No tener miedo. Y me explico: si has establecido bien los roles y espacios y sabes manejar tu desconexión. Puede ser que compartir otros espacios con personas con las que intervienes no sea incómodo, ni malo, ni perjudicial… Y, sin embargo, puede que reconozcas en esas personas otras facetas y potencialidades.

 

Teniendo en cuenta esto y seguro que más cosas que se te están ocurriendo al leer y puedes aportar en los comentarios: trabajar en ciudades pequeñas, mezclándote con las personas con las que intervienes profesionalmente, supone un continúo aprendizaje.

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