¿Dónde están las PERSONAS en el “internet de las cosas”?

El avance tecnológico en materia de TIC es feroz. Lo comprobamos cada año en el Mobile World Congress donde se exponen las últimas novedades tecnológicas en espectaculares y caros expositores de feria financiados por una industria que ve oportunidad de negocio en desarrollar eso que llaman “internet de las cosas”  y que quieren “colocarnos” para “hacernos la vida más facil”. No sé si veis ya por dónde voy. Y no es que yo esté en contra del avance en materia de TIC, todo lo contrario; lo que ocurre es que yo creo en un “internet de las personas” más que en un “internet de las cosas”.

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Pero, ¿qué es esto del “internet de las cosas”?

El internet de las cosas (IdC) o “Internet of Things” es un concepto que se refiere a una interconexión digital de objetos cotidianos con internet. Os traduzco en versión reducida para no aburriros e ir al grano: miles de objetos que los seres humanos usamos cotidianamente llevarán sensores que, al estar conectados a internet e incluso otras tecnologias de radiofrecuencia que no precisan Wifi ni Bluetooth, permitirán ofrecer diferentes funcionalidades y servicios a los ciudadanos. Obviamente, detrás de esto hay una industria que invierte sus finanzas porque espera que todos paguemos por ello.

Nada nuevo bajo el sol; vivimos en un sistema productivo capitalista y esto funciona así. Los promotores del internet de las cosas quieren vendernos esta tecnología como algo social que va a mejorar nuestras vidas; por ejemplo, he llegado a oir decir en Informe Semanal a Pilar Lopez, la Presidenta de Microsoft España, que el internet de las cosas nos depara a la sociedad un futuro más equitativo e inclusivo. Veremos a ver cómo hace Microsoft y toda la industria tecnológica para combatir la pobreza y hacer que esta tecnologia llegue a las poblaciones vulnerables.

Perdón, estoy siendo un poco demagogo; esta industria tecnológica no está pensada para garantizar que las personas en situación de exclusión social tengan acceso a todos los derechos sociales y servicios que el resto de la población. De acuerdo. Pero entonces, al menos, que no intenten vendernos esta magnífica tecnología como inclusiva y equitativa. O bien, digan, por favor, además de poner precio a estos servicios tecnológicos, cómo van a hacer para democratizar el internet de las cosas y que estos servicios nos lleguen a tod@s. Esto es business, amig@s.

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Mobile World Congress 2019. Reuters

Y todo ello gracias a que se avecina otra gran innovación que es la aparición del 5G. En esto de los avances tecnológicos asistimos continuamente a una especie de Bienvenido Mister Marshall. Cada nuevo avance tecnológico que aparece se nos presenta ante nuestros ojos como algo innovador que de una forma mesiánica y salvadora vendrá a cambiar nuestro futuro para mejor. Pues sí, váyanse ustedes olvidando del 4G de su móvil porque llega el 5G para hacerles felices. ¿Qué diferencia hay entre el 4G y el 5G? Básicamente, un ancho de banda y una velocidad en la red muy superior del orden de 100 veces más rápido que dicen supone una ultra alta definición y un tiempo de respuesta muy veloz sin apenas latencia. Todo será 5G y sus visionarios, entre quienes están la propia Unión Europea, nos auguran que llevará aparejada una actividad económica de 130.000 millones de euros al año y 2,3 millones de empleos para 2025.

Pues sí, gracias a las redes 5G o redes de quinta generación casi todos los objetos cotidianos de nuestra vida diaria que tenemos a nuestro alrededor serán capaces de interaccionar entre sí y nosotros con ellos de forma que, paulatinamente, ya no nos hará falta hablar con nadie porque estaremos más entretenidos con un montón de juguetes que activaremos y desactivaremos a nuestro antojo si el feedback que nos dan en forma de datos, más o menos intrascendentes, no nos satisfacen. El apocalipsis, oiga. Les ruego pongan en curentena lo dicho.

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Sophia, la robot humanoide presentada como innovación en Inteligencia Artificial

También va a haber un profundo desarrollo de la Inteligencia Artificial, una tecnología que procesa miles de datos, que dispone de los llamados algoritmos de aprendizaje y que es capaz de realizar un reconocimiento visual, auditivo y de texto que aseguran nos permitirá hablar con las máquinas de forma sencilla y natural. Un ejemplo es la conocida robot humanoide Sophia. Pero, ¿esto es realmente así? ¿De verdad se puede equiparar la capacidad de aprendizaje de un ser humano a la capacidad de aprendizaje de una construcción tecnológica? ¿De verdad un robot puede ser tan natural como un ser humano?¿No puede ser que se nos estén generando falsas expectativas?

Lo que parece claro es que detrás de este enorme despliegue de innovación tecnológica existen también unas campañas de marketing profundamente interesadas en generar pingües beneficios económicos. No podemos engañarnos; la tecnología tiene un coste económico y lo van a pagar aquellos ciudadanos que tengan recursos económicos suficientes para subsistir y comprar estos avances. Quiénes no puedan pagar esa tecnología quedarán en una situación de exclusión digital y tecnológica y eso ocurre porque las TIC no están enfocadas al desarrollo humano y a las personas sino que están enfocadas a las cosas. De ahí la necesidad de que la ciudadanía y especialmente quienes estamos trabajando cotidianamente para crear una sociedad igualitaria y accesible a todos y todas pongamos también nuestro foco de atención en procurar que esas tecnologías lleguen y puedan ser utilizadas por tod@s.

Mi opinión es que debemos avanzar tecnológicamente pero de forma crítica y ética, enfocados a las personas, no solo a las cosas. Claro, qué va a decir un trabajador social. Pero es que, una sociedad avanzada lo es, no solo en los ámbitos físicos, materiales y en sus infraestructuras sino, sobre todo, en su capacidad de progresar éticamente integrando progreso científico, tecnológico y moral. Por ejemplo, ahora nos parece impensable que haya niños sin escolarizar porque, como sociedad, nos parece fundamental que todos los niños y niñas tengan educación y por eso nuestras leyes obligan a que así sea. No nos parece ético crear infraestructuras educativas que solo alcancen a una parte de los niños y niñas dejando fuera a otr@s. Pues igual con las TIC. De hecho, en el Mobile World Congress algunas voces abogan por la creación de una Constitución Digital que, por ejemplo, garantice que las mujeres tengan un papel fundamental en lo tecnológico porque se reconoce que en este sector están infrarepresentadas. ¿Cómo haremos como sociedad para que nadie se quede atrás?

Os dejo un magnífico vídeo en el que se muestra de forma crítica un avance tecnológico en relación con la inteligencia artificial que nos sirve de advertencia sobre cómo nos son presentados ciertos avances tecnológicos ante nuestros ojos de una forma atractiva y visionaria pero que pueden estar creándonos falsas expectativas.

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